"K. estaba ya en el corredor, en donde Gertäcker lo había atrapado por la manga, cuando la hotelera exclamó aún: —Mañana tendré un nuevo vestido, quizá te mandaré a buscar."Fin. Listo, se acabo. Trescientas páginas de una novela, en muchas ocasiones aburrida, para terminar en unos párrafos que no tienen ni pies ni cabeza. Decepcionante.
![]() |
| Edición que leí. Traducción horrible, como de costumbre. |
Es definida como una novela "claustrofobica" debido al hecho de que el protagonista es limitado por una estructura burocrática invisible, que manda órdenes desde arriba. También se ve en la obra muchos espacios cerrados, pequeños y mal iluminados (es una constante en la obra la del sentimiento de claustrofobia: cuando K. entra al cuarto de la hostelera del "Mesón del Puente", cuando esta en la habitación del servicio con Frieda, cuando habita en la escuela, y sobre todo, cuando Pepi le describe el cuarto donde debe vivir con otras dos personas.)
Lo mejor de la obra es la descripción de los millones de funcionarios (los que trabajan en el y para el castillo) y sus secretarios: son tantos para un país no tan grande que todo parece perder el sentido de la proporción. En muchos casos, la cantidad de estos funcionarios es sumamente exagerada, ya que muchos de ellos tienen trabajos poco importantes y parecen sobrar en el sistema. Así es como tenemos para un sólo funcionario, un montón de secretarios y subalternos cuya función no esta bien definida: para Klamm, Momus, Erlanger y Galater. En una parte de la novela se menciona a un funcionario llamado Sordini. Más tarde, es mencionado a otro funcionario llamado Sortini, pero que es confundido por el protagonista (y como no, por el lector) con Sordini, hasta que se aclara que se tratan de dos funcionarios distintos con funciones parecidas.
Hablando de Klamm, se puede decir que toda la obra se resume en este personaje que es omnipresente y la vez inalcanzable. Los intentos de K. para llegar al sistema del Castillo se resumen en alcanzar al funcionario que esta a cargo de su trabajo como agrimensor: Klamm. Así, durante toda la obra intenta valerse de todos los medios posibles para poder hablar, aunque sea, unas palabras con esta hombre: Hans, el chico de la escuela que parece ser el hijo de una persona con influencias en el castillo, Frieda y su mensajero personal, Barnabé.
En resumen, se puede decir que es un buen libro, pero al esta incompleto, sólo se puede saber el final del libro mediante una carta que Kafka escribió:
K., el protagonista del libro, continuaría residiendo y moriría en el pueblo. El castillo le notificaría, en su lecho de muerte, que su «demanda judicial para vivir en el pueblo no era válida, todavía, tomando ciertas circunstancias auxiliares en consideración, se le permitía vivir y trabajar ahí»
